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Personas refugiadas en Serbia, abandonadas en plena ola de frío

02-08_SerbiaEn un rincón de un cavernoso almacén abandonado en Belgrado, Ahmed, un niño de 11 años, se acurruca en torno a una pequeña hoguera junto a otros cuatro chicos. Están cociendo patatas, una mísera comida que probablemente sea la única que van a ingerir hoy. Afuera, la ciudad está cubierta de un manto de nieve.

A pesar del sol de la mañana que se cuela por las ventanas sin cristales formando haces traslúcidos en el aire lleno de humo, la temperatura en el exterior es de diez grados bajo cero. Dentro no es mucho más alta.

Los niños, todos procedentes de Jalalabad (Afganistán), avivan el fuego con plásticos y toda clase de residuos que encuentran. El humo acre resultante produce picor de ojos y de garganta.

Llevan más de dos meses alojados en el almacén que está detrás de la estación central de Belgrado. Me contaron que nadie de los servicios sociales o de asilo de Serbia les ha ofrecido apoyo, refugio o protección de ninguna clase. De hecho, en noviembre el gobierno publicó cartas abiertas para pedir a las ONG y los grupos de voluntarios que dejaran de prestar ayuda a los refugiados y migrantes en la capital. De los 1.200 que se calculaba que había en la ciudad, al menos una cuarta parte eran menores no acompañados. Tienen poco o ningún acceso a saneamiento, agua corriente, asistencia médica o ropa de abrigo.

A pesar del llamamiento del gobierno, un reducido grupo de voluntarios desafía a la policía y visita los almacenes y campamentos improvisados repartidos por la capital. Intentan proporcionar una comida al día a los adultos, que forman largas colas en medio de la nieve. Un centro de apoyo familiar cercano ofrece algunas comidas adicionales para los menores. Médicos sin Fronteras viene para atender a las personas heridas y ha tenido que tratar a personas por congelación, infecciones de la piel y enfermedades respiratorias.

El gobierno no es sincero cuando afirma que ha pedido a las ONG que no ayuden a los refugiados y migrantes para favorecer que acudan a los campos oficiales. En esos campos no hay espacio suficiente. Un niño me contó que había sido rechazado repetidamente en varios centros de asilo. “Me dijeron que no había sitio. Lo intenté en Belgrado, en Šid, en Adaševci. Luego fui a la comisaría de policía, pero tampoco podían ayudarme”, dijo. “No imaginaba que sería tan difícil. La situación me está agotando, física y mentalmente”.

Cuando se hace evidente que no son bienvenidos en Serbia, muchos refugiados intentan marcharse a otra parte. Los que conocí me contaron experiencias terribles con guardias de fronteras en Estados vecinos de la UE: Hungría devuelve automáticamente a quienes intentan cruzar sus vallas, y los guardias croatas hacen lo mismo con creciente frecuencia. Mohammed, un niño de 13 años de Kabul, me contó que había sido devuelto siete veces desde Croacia. A sus amigos los devolvieron desde Hungría. En Bulgaria, país por el que ha transitado la mayoría de estas personas, los refugiados y refugiadas están muriendo de frío.

Dado que estos Estados miembros de la UE han cerrado sus fronteras, las personas refugiadas han quedado atrapadas mientras las temperaturas bajo cero se apoderan de amplias extensiones del continente.

También en Serbia la acogida es fría. En 2016, el gobierno serbio fijó un límite en el número de solicitantes de asilo que el país estaba dispuesto a acoger. Sólo se han proporcionado 6.000 camas, a pesar del gran número de migrantes y refugiados presentes en el país.

Autoridades del gobierno aseguran que los refugiados prefieren quedarse sin techo y se niegan a ir a los centros, pero los refugiados y solicitantes de asilo hablan de una realidad muy diferente, en la que no hay espacio suficiente para acomodarlos, y permanecen atrapados en una embrutecedora lucha diaria por conseguir alimento y refugio.

En los últimos días, a raíz de los informes generalizados publicados en medios de comunicación internacionales sobre las condiciones de frío extremo, el gobierno serbio anunció la reapertura de un centro de acogida temporal en la cercana localidad de Obrenovac y el traslado de unas 250 personas allí. Se autorizó más ayuda del ACNUR y de otras organizaciones, pero no es suficiente.

En estos tiempos de incertidumbre, pocas cosas tenemos tan aseguradas como los cambios de estación; sin embargo, parece que el invierno ha cogido desprevenido al gobierno en lo referente a la situación de los refugiados. En Belgrado y en todo el continente, niños como Ahmed han sido literalmente abandonados en medio del frío.

Ahmed y Mohammed son nombres ficticios.
De Todor Gardos.
Este artículo se publicó originalmente en el International Business Times.

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